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Platos típicos y sitios para comer en Valencia

Después de callejear por Valencia, al viajero le acometerá el hambre y nada mejor que calmarla con una ración de la polifacética paella dado que se cocina con marisco, con verduras, con conejo, además de huevo, por no hablar del arroz negro o la fideuà. Da gusto sufrir el retortijón de las tripas cuando uno se halla en Valencia y tiene a su merced unas viandas típicas como los buñuelos de calabaza, la horchata, sus excelentes naranjas o sus monas de Pascua que vienen a reconfortar el estómago. De modo que el comensal puede engrasar el paladar porque la ruta comienza:

 

Arroces y vinos

Aquí la imaginación se hizo arroz pues las combinaciones y posibilidades abruman: arroz con costra, caldosos, de caldero, de senyoret, a banda, con bogavante… De hecho, el arroz es el “ladrillo” de sus edificios culinarios y todos ellos permiten la escolta de vinos con Denominación de Origen como Utiel-Requena, Alicante, Marina Alta, entre otros. Lo cierto es que un vino de raigambre es el fondillón, oriundo del Valle del Vinalopó (Alicante), y que sedujo al mismísimo Luis XIV que lo tomaba con galletas dado que es un licor para el postre.

 

Postres

Ya con el fondillón presidiendo la mesa, el gourmet debe decantarse por alguno de los dulces típicos del lugar. Aquí la carta le agasajará con rollitos de anís, buñuelos de calabaza (que encarnan el santo y seña dulzón de la semana de Fallas), los turrones de Jijona y Alicante con sus golosísimos helados artesanos, los granizados de cebada, limón (aguacebada y agualimón en la jerga de los iniciados), blanco y negro (leche merengada y café granizado) o les orelletes. Lo mejor para conocer el etcétera es personarse en la plaza de la Reina de Valencia.

 

Las mejores arrocerías

Como el asunto de pescar el mejor restaurante se vuelve a veces peliagudo, desde esta Guía orientamos al gourmet y le damos las señas de alguno de los mejores mausoleos del arroz.

Así, para cuando el hambre asaetea el estómago nada mejor que recalar en la playa del Perellonet e internarse en la arrocería “La Mar de Bó”, en la calle de Cabrestante, 1. Aquí el acierto es homenajearse con una fideuà o un arroz amb fesols i naps (con judías y nabos). “La alegría de la huerta”, ubicado en el módulo 6 del Paseo Marítimo de Valencia, encarna también una elección para los amantes del pleno al quince en asuntos gastronómicos. Déjese asesorar por el competente camarero y a ver por que plato le invita a navegar. Otra opción es el restaurante “Pasqualet" y si el trotamundos es de los que acude a una arrocería a comer como un rey y no a aliviarse en un baño propio del Ritz…, pues ya sabe. Se localiza en la calle de Francisco Monleón, 12, en El Palmar. Es pequeño, asequible, y sabroso.

 

Horchata de Alboraya

El brebaje se remonta a hace más de 3.000 años, en una región del Sudán, pero fueron los árabes los que nos la legaron en el siglo VIII. De modo que Alboraya es un harén de horchaterías pues cada recodo tienta al viajero con sus expertos establecimientos.

Una vez ante el líquido, nuestro turista no debe olvidar los fartones (fartons), una bollería “casada” con la horchata.